“Gracias, Gracias, Gracias”

En el cole he aprendido que hay decisiones que no se toman a la ligera. Algunas nacen del discernimiento, de mirar hacia dentro y hacia alrededor, de escuchar con calma lo que la vida nos va mostrando. Así ha sido este paso que hoy comparto con todos vosotros: tras un proceso personal y familiar nada fácil, he decidido iniciar una nueva etapa profesional en un centro más próximo a mi pueblo, Ontinyent. La distancia que me separaba diariamente de casa se ha vuelto, con el tiempo, insostenible. Y aunque el cuerpo pueda, el alma también necesita descanso, equilibrio y presencia en otros espacios que también son hogar.

Me despido, por tanto, de esta querida comunidad de las Escuelas San José, con el corazón agradecido y muy emocionado. Este lugar ha sido mucho más que un centro de trabajo: ha sido escuela de vida, espacio de encuentro, y tierra fértil para crecer como persona y como educador. Aquí he aprendido aenseñar, pero sobre todo, a acompañar.

Y es que mi historia en estas aulas y patios comenzó hace ya unos años… cuando, aún siendo un joven en prácticas, se me ofreció la oportunidad de formar parte de este proyecto educativo como profesor de Educación Física. Aquella confianza que la Compañía de Jesús depositó en mí, tan generosa y valiente, ha marcado profundamente mi vocación docente. Siempre llevaré conmigo esa primera llamada, ese gesto que cambió mi camino y al que hoy solo puedo responder con un enorme GRACIAS.

Durante este tiempo, he podido vivir momentos que solo pueden nacer en una escuela que educa con alma: las Jornadas Ignacianas, que nos recuerdan el sentido de la misión; los campamentos, en mi caso en Chate y Pinarillos, donde la educación se hace convivencia; los Buenos Días, que iluminan cada jornada con profundidad y sencillez. Cada espacio ha sido un regalo. Cada actividad, una oportunidad para formar corazones conscientes y comprometidos.

Agradezco de manera especial al equipo directivo, por su comprensión, su cercanía y su apoyo constante. Gracias por caminar al lado, no solo con criterios, sino con humanidad. Mi gratitud también para Juanjo Aguilar, por su acompañamiento, por su escucha serena, y por recordarme, de manera sencilla, que el centro de todo siempre es la persona. “Gracias, Gracias, Gracias”

Gracias a mis compañeros y compañeras, docentes de todas las etapas, personal de administración, de mantenimiento, jesuitas y familias con quienes he compartido el día a día.

Y gracias, por supuesto, a los alumnos y alumnas que me habéis enseñado tanto. No hay mayor privilegio que acompañar vuestros pasos, vuestras dudas, vuestros éxitos. Gracias por vuestra energía, vuestra frescura, vuestra capacidad de sorprenderme cada día y de recordarme el verdadero sentido de ser docente: aprender siempre junto a vosotros.

Y, cómo no, me gustaría pedir perdón. Si en algún momento no estuve a la altura, si me equivoqué, si algo no salió como debía… valoro todo lo aprendido de ello y sigo mejorando.

Hoy cierro una etapa, pero no una relación. Me voy con el deseo de seguir construyendo comunidad allá donde esté, con el espíritu ignaciano como brújula, y con el corazón lleno de nombres, momentos y experiencias que quedan grabadas para siempre. Como dice el Padre Ángel,

“Gracias, Gracias, Gracias”

Y como aprendí de San Ignacio de Loyola: que en todo podamos amar y servir.

Alex Bas