Volviendo a la adolescencia

Hace unos días finalicé el periodo de prácticas que formaba parte del Máster para formarme como profesor de secundaria en Lengua y Literatura que estoy cursando. He tenido la suerte de poder realizar las prácticas en Jesuitas, con Carles Durá como tutor y participando mayoritariamente en diferentes líneas de cursos de 4º de ESO.

La experiencia, a nivel formativo, ha resultado muy enriquecedora ya que he podido ver de primera mano cómo se aplican las directrices pedagógicas que marca la ley de Educación vigente y cómo conceptos teóricos como la evaluación formativa o la atención a la diversidad son trabajados en la realidad de las aulas.
Sin embargo, esta parte del proceso no ha sido la que más me ha impactado. He de reconocer que, a pesar de llegar a las prácticas con los 40 años ya cumplidos, uno de los aspectos que más respeto me imponía antes de comenzar era si sería capaz de desenvolverme en aulas con alumnos de 15 o 16 años. Todos sabemos que la adolescencia es una etapa complicada, se han vertido ríos de tinta sobre este tema, pero puede que en los últimos años el sentido con el que se habla de ella tenga un matiz diferente.

¿Quién no ha escuchado recientemente expresiones como “generación de cristal” para referirse a los jóvenes de hoy en día? ¿Cuántas veces se ha dicho que los adolescentes tienen más presentes sus derechos que sus obligaciones o que no valoran nada porque lo tienen todo? Soy consciente de que, en cada generación, los jóvenes que vienen por detrás siempre han sido observados con desconfianza por parte de los adultos, pero creo que en esta ocasión estamos siendo injustos con ellos. Por supuesto que resulta complicado conectar con todas las personas en el aula, pero no más de lo que sucede en una oficina o en cualquier otro entorno laboral.
Debo admitir que no soy ajeno a los prejuicios que generan estos mensajes que nos impactan a través de los medios a pesar de hacer un esfuerzo consciente por evitarlo. Por ello, me gustaría destacar que después de estar unos meses en contacto con los alumnos, han conseguido desmontar la idea preconcebida con la que llegaba. Lo que me he encontrado no es un grupo de jóvenes incapaz de lidiar con la realidad, sino más bien una generación que está más preparada de lo que estábamos nosotros a su edad, pero que ha de enfrentarse a unos retos mucho más complicados debido al contexto actual.
Por todo ello, creo que es importante que hagamos un esfuerzo por comprender que esta generación ha vivido una pandemia, guerras en territorios cercanos, una polarización política sin precedentes y una transformación de los canales de comunicación derivada de la evolución tecnológica que ha transformado nuestra realidad. Los jóvenes no son culpables de nada, en todo caso han de hacer frentes a nuestros errores y no son merecedores de nuestros reproches, lo son, a lo sumo, de nuestros consejos.

Miguel Escribá