Como profesores de Las Escuelas, siempre hemos creído en la importancia de la educación práctica y el aprendizaje experiencial. Sin embargo, nunca imaginamos que un viaje de seis días a Bélgica con cinco de nuestros alumnos de segundo año de FP Básica sería tan enriquecedor. Este viaje, en el marco del programa Erasmus, se convirtió en una experiencia transformadora que nos permitió explorar nuevas culturas, fortalecer lazos y descubrir facetas de nuestros estudiantes que nunca habíamos visto en el aula.
Desde el momento en que llegamos al centro educativo La Cordeé (Colfontaine, Bélgica), fuimos recibidos con una calidez y hospitalidad que nos sorprendió. El equipo docente y los estudiantes nos hicieron sentir como en casa, lo que estableció un ambiente propicio para el aprendizaje y la interacción. La acogida fue espectacular: nos recibieron con unas actividades de intercambio cultural y de tradiciones con otro grupo de alumnos, que hicieron que nuestros alumnos se sintieran más cómodos y predispuestos a aprender y disfrutar.
Durante nuestra estancia, tuvimos la oportunidad de asistir a clases de diferentes disciplinas, desde soldadura, pasando por albañilería y hasta ebanistería y hostelería, lo que nos permitió observar cómo se desarrollan los métodos de enseñanza en otro país. Esta inmersión cultural no sólo enriqueció a nuestros alumnos, sino que también nos brindó a los profesores una nueva perspectiva sobre la educación. Además, tuvimos la oportunidad de visitar, junto con nuestros compañeros belgas, dos empresas del sector, lo cual dio a nuestros alumnos un primer contacto con el mundo profesional en otro
Una de las actividades más memorables fue una jornada de juegos y deportes en la que nuestros alumnos se unieron a sus compañeros belgas. A través del juego, se establecieron lazos de amistad y camaradería que trascendieron las barreras del idioma y la cultura.
Las comidas compartidas fueron otro aspecto destacado de nuestra experiencia. Disfrutar de la gastronomía local y compartir platos típicos con nuestros anfitriones fue una forma deliciosa de acercarnos a su cultura. Fue un momento de conexión genuina que fortaleció los lazos entre nosotros.
Además, durante el transcurso del viaje, nuestros alumnos compartieron sus historias personales. Algunos hablaron sobre las dificultades que enfrentan en su día a día, mientras que otros compartieron sus aspiraciones y metas. Escuchar sus relatos en un contexto diferente al habitual permitió que los profesores viéramos a nuestros alumnos desde una nueva perspectiva.
Esperamos poder repetir esta enriquecedora experiencia el próximo año, así como explorar otras oportunidades similares en diferentes contextos. Creemos firmemente que estas vivencias internacionales son fundamentales para el crecimiento personal y académico de nuestros estudiantes, y estamos ansiosos por seguir ampliando horizontes y construyendo puentes culturales en el futuro.



