Mi experiencia como docente en prácticas en las ESJ

Durante el verano de 2024 decidí darle un giro a mi carrera profesional. Con 52 años aparqué mi trabajo con el que me ganaba bien la vida como director de exportación en una empresa industrial, pero en el que ya había perdido el entusiasmo que me caracteriza. Y lo hice con la certeza de que hacer el Máster en Profesor de Educación Secundaria me iba a abrir un nuevo camino que se convertiría en magnífico propósito: la docencia.
Me gustaría, en unas cuantas líneas, explicar mi experiencia como profesor en prácticas -requisito para obtener el máster- en las Escuelas San José de Valencia, donde he tenido la fortuna de disfrutar y aprender durante casi dos meses junto con los profesores y alumnos del Grado Superior de Eficiencia Energética y Energía Solar Térmica. Esta experiencia, tan positiva en todos los aspectos, no ha hecho más que reafirmar el nacimiento de una potente vocación en mí.
Cada mañana, al caminar por el gigantesco patio del colegio dirigiéndome a las aulas y talleres de Formación Profesional, me iba cruzando con algún profesor o profesora, cuya cálida sonrisa y un “buenos días” energético me reconfortaba, ahuyentando el frío de los meses de enero y febrero. Al inicio de una experiencia así, siempre surge el temor de sentirse fuera de lugar, de no saber qué hacer, de sentirse un poco ajeno a la comunidad en la que te adentras. Pero ese temor desapareció casi desde el principio. He tenido una acogida inmejorable y generosa por parte de todos en el centro, y en especial quiero mencionar a los tres profesores que he acompañado y de los que he aprendido muchísimo: mi tutor Juanjo Camacho, Víctor Gil y Osvaldo Loredo.
Las aulas, amplias y luminosas, están bien acondicionadas y tienen los recursos necesarios para que la actividad docente sea eficaz, pero es en el taller donde he podido sorprenderme más. Es un espacio enorme y repleto de máquinas, herramientas y utensilios en el que los alumnos pueden de verdad acercarse mucho a la realidad de lo que están estudiando. Y es en este entorno en el que he podido disfrutar de las situaciones más intensas: pruebas con tensión trifásica de cuadros eléctricos montados por los alumnos, soldaduras blandas y fuertes en las que el soplete iba y venía, montajes de tuberías en los que la presión tenía que subir a más de 20 bares, encendido de amenazadoras calderas o instalación de cableado que venía de las placas fotovoltaicas de la azotea…una verdadera “gincana” perfectamente orquestada por los profesores y en la que yo daba todo el apoyo posible multiplicándome por todos los espacios para velar por la seguridad de los alumnos. Toda una aventura.
Además de estar en todas las clases que he podido, empapándome de contenidos técnicos que tenía algo oxidados de la carrera, y sobre todo de la maestría de los profes de los que no quería perderme nada de su gestión del aula, he disfrutado también de actividades complementarias que en el colegio se han ido dando en el transcurso de mi estancia. La Semana Ignaciana llena de interesantísimas actividades en la que participaba todo el mundo, las Efemérides – sesiones inspiradoras y reflexivas de una hora que se hacían en el salón de actos con los segundos cursos de los grados – o un bonito recogimiento en la capilla con algunos alumnos de mi clase para celebrar el miércoles de ceniza, me han aportado vivencias enriquecedoras que no me esperaba.
Pero, para finalizar mi muy abreviada explicación de lo vivido, he de hablar de los alumnos de los dos cursos. Ellos han sido los que de verdad me han demostrado que probablemente la de profesor, es la más bonita de las profesiones. Me llevo conmigo lo más valioso de unos chavales y chavalas que han desmontado los prejuicios con los que me acerqué a la generación “Z”: su entusiasmo, su autenticidad, su simpatía, su talento a veces algo oculto pero real, su educada rebeldía, y su respeto y empatía que me han brindado con una enorme generosidad.
¡Gracias! Gracias a las Escuelas San José, a mi tutor Juanjo, a los demás profes con los que me he cruzado, y sobre todo, a los 36 alumnos que me dejan un recuerdo inolvidable de mi primera experiencia como docente.

Pablo Gracia. 14 de marzo de 2025