Ainhoa Incertis Jarillo nos cuenta cómo vivió su estancia entre nosotros.
Soy Ainhoa, de Alemania, y el seis de septiembre llegué a Valencia, sola, para quedarme cuatro meses. Aunque no estaba totalmente sola, ya que vivía con la familia de mi padre. Era una gran emoción, pero también un gran cambio vivir cuatro meses en otro país con otro idioma (o idiomas) que usar en el día a día, y sin mis padres y mis hermanos de los que nunca había estado separada tanto tiempo. Lo que más me alegraba y preocupaba a la vez era el colegio. El mismo al que habían ido mis padres y muchos de mis tíos en su infancia. Pero esa preocupación se fue muy rápidamente, al pasar el primer día en Jesuitas. Cuando llegué, mis compañeros de clase y mi tutor, Bernardo, me acogieron con amabilidad e interés por conocerme. Y no solo ellos. También algunos compañeros de otros grupos y muchos otros profesores. Ya el primer día estaba segura de que, hasta sin amigos, este iba a ser un tiempo muy bonito. Y aunque lo de hacer amigos al principio me resultaba más difícil, seguí viviendo la experiencia con esperanza. Y al final encontré a las personas a las que llamo mi gente.
Pero vamos a hablar de las diferencias entre el cole de Alemania y España, y también de diferencias en general. Sí que tengo que decir que el cole en sí es mucho más parecido al mío de Alemania de lo que me había imaginado. Claro, es mucho más grande, y cosas como la parte deportiva, que a mí me parecía gigante, la piscina, que no tenemos en mi colegio, las aulas de taller y de música, y la capilla propia, que también me gustaría tener aquí, son diferencias grandes. Pero la estructura de las clases, la manera en la que los profesores explican las cosas, los intereses y la manera de ser de los alumnos, y el sentimiento que tienes al entrar al cole, son muy parecidos.
Y aunque el nivel de las distintas asignaturas era más o menos igual, me di cuenta de que en Alemania en los idiomas estamos mucho más avanzados que en Jesuitas, así que Francés, con Cristina, e Inglés, con María, me parecen más fáciles.
Lo que decía antes sobre las aulas de taller y de música, también es una diferencia grande. En mi cole las clases son más teóricas, y poder hacer música, oír música, y tocar instrumentos en música, para mí es una cosa especial.
Otra diferencia es la relación entre profesores y alumnos. Aquí en Alemania los alumnos tienen que hablarles a los profesores de usted y en Valencia de tú. Eso es una cosa a la que me tenía que acostumbrar al principio. Y también tengo la sensación de que los profesores son mucho más abiertos en Valencia y les dan a los alumnos una sensación de seguridad y familiaridad en el cole.
Y mi diferencia favorita, que no es solo del cole, sino en general de Alemania y España, es que allí en Valencia la gente es más animada, tiene más energía y es más abierta, o esa es la sensación que tengo yo. Una cosa que siempre me gusta contar es que en Alemania soy la loca, la que siempre tiene energía y no le da vergüenza casi nada y aquí soy una entre muchos :). Me da mucha pena que mis compañeros de clase no hayan visto mi parte loca. Porque sí que soy tímida, y cuando veía qué rápido hablaban mis compañeros, me asusté un poco y tampoco sabía sobre de qué hablar con ellos, ya que habíamos crecido en culturas diferentes. Pero, como ya dije, aun así conseguí encontrar a la gente con la que ser como soy.
Antes de hablar sobre mi experiencia con la DANA, quiero volver a hablar sobre los profesores, quienes cuando todavía no conocía a nadie me parecían ya supermajos. Hasta consiguieron que ahora mis profesores favoritos estén en España. Hay algunos profesores, por ejemplo, Juanjo, mi profesor de Música, y Nacho, mi profesor de Religión, que me han alegrado los días solo por su forma de ser y su alegría, la alegría que se les notaba cuando hacían lo que querían hacer. Ellos me han motivado a seguir escribiendo y a hacer música, las dos cosas que más me gusta hacer. Los dos y todos mis otros profesores compartían mensajes importantes, unos con palabras, otros sin palabras. Mensajes que estoy intentando compartir con mis compañeros de Alemania. Lo que les escribí también en mi mensaje de despedida fue que cada uno tiene su bonita forma de ser y de dar esperanza a los alumnos si algo ha salido mal. Curioso también me parecía que había profesores, por ejemplo, Paco, mi profesor de Educación Física, y Mavi, mi profesora de Plástica, que reconocían mi nombre, se acordaban, y me hablaban de mis tíos y mi padre, cuando ellos iban a Jesuitas. Les agradezco mucho a los profesores que hayan tenido una influencia tan importante en mi experiencia. Y también se lo agradezco a mi profesor de Valenciano, Marc, que no solo es un profesor super simpático y gracioso, sino que era el primer profesor que desde el principio me hablaba en Valenciano. Un idioma que yo antes nunca había oído. Aunque en sus clases al principio no entendía nada, con el tiempo empecé a entenderlo mejor. Y porque también las clases de Geografía e Historia con Bernardo, y las de Tecnología y digitalización con Javier y Vicente eran en Valenciano, después de un tiempo ya casi no me costaba entender el Valenciano. Así que estos cuatro meses también han sido una introducción en un nuevo idioma.
También les doy las gracias a las personas que igualmente han tenido influencia en mi experiencia. Trabajadores del comedor, otra gente que trabaja en el cole sin ser profesores, las personas que han organizado las excursiones, y cosas como el concierto de profesores Y gente, como Carlos, que han ayudado a organizar este Erasmus.
Pero ahora sí que quiero hablar de mi experiencia por la DANA. Ya antes había oído a veces sobre lluvias fuertes en Valencia o pequeñas inundaciones, pero nunca me había imaginado que en el poco tiempo de cuatro meses que iba a estar en España iba a suceder una catástrofe tan destructiva. Y cuando oí las noticias, estaba muy agradecida de que no me había pasado nada y que de mi familia y mis conocidos a casi ninguno le había pasado algo, pero me preocupaba mucho por mis compañeros y los profesores. Por suerte, a nadie le había pasado nada malo. Pero todo lo sucedido me hizo pensar mucho, y me motivaba ver a tanta gente ayudar voluntariamente, solo por ayudar. Tanta gente, muchos muy jóvenes, que ponían su vida en peligro para salvar la vida de otros. Y aunque mi deseo más grande es que eso nunca hubiera pasado, me hizo pensar en toda la gente que está en peligro ahora mismo en algún lugar de la tierra, y nosotros ni nos damos cuenta, o solamente lo vemos en la tele, y no nos preocupamos, porque eso está muy lejos de aquí.
Bueno, ahora ya he contado en muy pocas palabras mi experiencia. Espero que todos sean felices y que puedan tener, o que otros puedan tener, una experiencia como esta en su vida.
Ainhoa Incertis Jarillo